La Barbería de San Nicolás, una moderna peluquería de caballeros con un buen servicio y el sabor de las de antes.

Hablamos con José María Jurado, de La Barbería de San Nicolás

Por: Casco Antiguo | 8 agosto, 2016

1Los orígenes

Quedamos con José Mari Jurado  temprano,  a primera hora de la mañana, en su  peluquería  de la plaza de San Nicolás,  antes de que llegue el primer cliente. José Mari es de trato fácil, buen conversador, como los buenos peluqueros de antes, de siempre. Está en este oficio desde muy joven, de hecho sigue la tradición familiar, de su tío Luis, que comenzó desde muy chaval a trabajar en la peluquería de Arbea en la Cuesta de Santo Domingo y luego montó peluquería propia en Burlada. En 1980, con apenas 13 o 14 años empecé a echar una mano a mi tío, durante algunas horas, en su peluquería de Burlada, y fui aprendiendo el oficio, dejé de estudiar, me lancé a la piscina y hasta hoy, comienza contándonos José Mari.

Después de estar con mi tío estuve unos pocos  meses en la peluquería Primera Línea, en el Edificio Singular. Un conocido me comentó que Izurdiaga en la calle Bergamín necesitaba un chico  con experiencia. Así que, ni corto ni perezoso me planté allí, con mis 16 años, y le dije: Soy peluquero. Si no le importa le corto el pelo más que nada para que me vea. Le corté el pelo al amigo, me hizo cortar el pelo a otro señor y cuando terminé me pegunto que  a ver de dónde había salido. Le conté que llevaba trabajando en esto desde los 13 años, que estaba trabajando en una peluquería mixta pero que lo mío era la peluquería de caballeros. Cuando me preguntó mi nombre y le dije, Jurado,  exclamó: tu no serás sobrino de Luis, ahora lo entiendo. Estuve con él hasta que terminé el servicio militar y al volver le dije que me iba a poner por mi cuenta.

Así que cogí un local en el grupo Rinaldi. Allí estuve 5 o 6 años y de ahí me trasladé a un local que estaba cerca, como a unos 50 metros, en San Juan Bosco, donde permanecí unos 14-15 años. Vendí aquello. Me quería coger un año sabático. Viajé junto a otros peluqueros que trabajábamos para una firma americana, conocí a mi mujer en Chile. A mi vuelta, me encontré con que se jubilaba Pedro, de la peluquería Garciandía. Estuve en este local de San Gregorio tres años  y de allí me viene aquí, donde he cumplido un año. Y la verdad, estoy encantado.

El renacimiento de las barberías

Le preguntamos a José Mari si ha evolucionado mucho el mundo de la peluquería de caballeros. Cree que si. La gente joven, en los 90 pensaban que las  peluquerías de caballeros eran algo anticuado, de cuatro abuelos y por eso muchos comenzaron a ir a las peluquerías mixtas. Ahora buscan peluquerías de caballeros que sean originales. Trabajamos el cabello de los hombres de manera mucho más personalizada. Los chicos, con los nuevos soportes fotográficos y teconológicos te vienen y te dicen: quiero que me cortes como este. Y saben que nosotros se lo vamos a hacer porque somos unos profesionales. Ahora, además, se ha puesto de moda el llevar barba y las barberías están conociendo una nueva edad de oro. Hoy los hombres que llevan barba la quieren llevar bien cuidada y con cierto estilo, un estilo que remarque su personalidad. Yo llevo toda la vida arreglando barbas. Históricamente el nombre que englobaba el arreglo de la barba y el pelo era el de barbería, sin embargo hay mucha gente aquí que lo reduce al afeitado. En otros países, sobre todo, de Sudamérica no hay ese problema de identificación del nombre. De hecho, después de poner el rótulo, tuve que poner peluquería porque la gente preguntaba si se cortaba el pelo.

Servicios

Ofrecemos los típicos servicios de una peluquería de caballeros: afeitado, con pañito caliente, a navaja, dependiendo de la piel;  arreglos de barba, perfilada, corte de pelo tradicional (a tijera), a navaja, a máquina, lavado, etc. Hacemos de todo y de todos los estilos.

Como en una buena peluquería de caballeros el trato personal es fundamental para José Mari. Me gusta mucho el contacto con la gente. Que vean que eres un peluquero cercano al que puedes saludar y hablar como un amigo de toda la vida. La gente agradece mucho que le escuches. Pero lo más importante en la relación peluquero-cliente  es que el cliente  sepa que el entrar en la peluquería,  su peluquero, sabe perfectamente como quiere que le cortes.

Le pregunto si tiene algún proyecto para el futuro. José Mari nos confiesa que le gustaría ampliar un poco más el negocio, tener más empleados, pero que fuesen como él. Tienes que vivir esta profesión. Te tiene que gustar el trato con la gente. Es mejor en este oficio, ser una buena persona que un mediocre peluquero. Los clientes de la peluquería vienen por el peluquero que regenta el negocio y en el que depositan su imagen, nada menos.

panoramica

Fotos realizadas por Blumun

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